CUENTOS INFANTILES

Tuesday, May 17, 2005

LA NIÑA DE LOS CERILLOS

Era la última noche del año, ¡Víspera de Año Nuevo y hacía mucho frío! Nevaba y pronto iba a ser de noche. En el frío y la obscuridad, una pobre niñita vagaba por la calle, descalza y sin bufanda en la cabeza. La verdad es que, antes de salir de la casa llevaba zapatillas, pero no le habían servido de mucho. Estas eran demasiado grandes y su madre ya las había usado. Eran tan grandes que la niñita, en su prisa, las había perdido al cruzar la calle entre dos carretas. Una de las zapatillas nunca la encontró y la otra la encontró un niño que quiso usarla de cuna para cuando tuviera sus propios hijos. La niña vagaba por la calle, con sus pies descalzos, los cuales estaban azules por el frío, En su viejo delantal llevaba varios cerillos y tenían un manojo en su mano. Había sido un mal día para ella; nadie le había comprado ni un cerillo y no había ganado ningún centavo. Tenía hambre y frío, y se veía muy débil. ¡Pobre niñita!. Desde todas las ventanas se veían las luces que brillaban y la calle entera despedía el maravilloso aroma de la carne asada. Lo único en que la niñita podía pensar era que esa noche era la víspera de Año Nuevo. Ella se sentó en una esquina y trató de calentarse entre dos casas. Sintió más y más frío pero no se atrevía a volver a la casa porque no había vendido ni un cerillo, y por ello no había ganado ni un centavo. Su padre la podría golpear y, por otro lado, hacía frío en la casa también. Ellos vivían en una pequeña casita y el viento se colaba por todos lados, a pesar que las grieta grandes las habían tapado con paja y trapos. Sus manitas estaban casi muertas por el frío. ¡Un cerillo encendido por lo menos los ayudaría! ¡Si tan solo pudiera sacar uno del manojo, encenderlo contra la pared, y calentarse los dedos! Entonces sacó uno. ¡Whoosh! ¡Cómo chispeaba! ¡Cómo encendía! Era una llamita suave, igual que una velita protegida con las manos alrededor. ¡Pero que luz más extraña! A la niña le pareció que estaba frente una cocina de hierro grande con cacerolas y ollas con perillas de metal pulido y brillante. ¡El fuego era magnífico y daba tanto calor! La niña había apena estirado sus pies para calentarlos, cuando la llama se apagó y la cocina desapareció. Ella quedó allí sentada con solo un pedacito de cerillo quemado en sus manos

3 Comments:

Post a Comment

<< Home